Qué mejor manera que decírselo con vino

Con la vista puesta en el día más amoroso del año, algunas reflexiones sobre cuáles pueden ser los vinos más indicados para celebrar y, sobre todo, sorprender, ya sea en la mesa o en papel de regalo. Porque no hay que olvidar que el vino, además, resulta un detalle estupendo si tu cincuenta por ciento es persona aficionada a la cosa vinícola.

Siempre es cuestión de gustos

Es lo más recurrente pensar en burbujas cuando se trata de celebrar, aunque es un máxima que debería estar superada. Primero porque no gustan a todo el mundo, y después porque festejar se puede hacer con toda clase de vinos. ¡Para gustos los colores! Por el motivo que sea pero en esta ocasión lo más próximo, el Día de los Enamorados, la elección del estilo de vino depende del gusto personal de los protagonistas y razón por lo que no hay norma escrita.

Prueba algo nuevo

El mejor vino en cualquier momento es el que te hace disfrutar, y esto no tiene protocolo alguno. Y en el calendario este 14 de febrero es otra fecha estupenda para descubrir elaboraciones o darlas a conocer a quien más quieres, compartirlas, con la única finalidad de hacer la velada inolvidable. Tal vez el acierto está en tener la capacidad de sorprender y por ende agradar al otro, lo que siempre supone un valor añadido.

Con la idea clara, lo recomendable sería recurrir a etiquetas que, si no del todo rompan sus esquemas, sí le descubran referencias nuevas, novedosas o distintas dentro del perfil de sus habituales.

Apuntado esto, son infinitas las opciones para celebrar tan romántica velada… y válidas por supuesto para otras tantas ocasiones que invitan a festejar a lo largo de todo el año. Señaladas las burbujas iniciales, siempre una acertada opción si es que te gustan: la oferta es inabarcable. Hay estupendas elaboraciones rosadas con una calidad a día de hoy incuestionable. Por supuesto resulta recomendable mirar hacia los vinos jerezanos, si no para acompañar a lo largo de toda la cena –cosa que exige cierto ‘entrenamiento’ teniendo en cuenta el perfil de elaboraciones de que se trata–, serían maravillosa opción como copa de entrada y también como trago de fin de fiesta pensando en generosos de crianza oxidativa.

Blanco y Tintos: nunca fallan

Pero una vez referidas esas etiquetas que no suelen estar en el enfoque del común de los mortales, reparamos en blancos y tintos que sí son punto de coincidencia cuando se trata de buscar un vino especial.

Las opciones son infinitas y por ende las combinaciones. Entre esas alternativas… ¿qué te parece comenzar con un blanco fresco, frutal, fluido para abrir boca y continuar con un segundo en el que participa la crianza en alguna de sus muy diversas modalidades? Sería una elección acertada porque las elaboraciones blancas que se vienen haciendo en España son de altísimo nivel y con enjundia suficiente para hacer un buen papel con platos que, inicialmente, no imaginaríamos. Luego se puede hacer lo mismo en versión tinta. Y está la tercera vía, esto es, combinación de un blanco y un tinto; el orden de salida lo marcaréis vosotros en función de lo que haya en la mesa. En cualquier caso, lo habitual es partir de los más jóvenes pues el discurso culinario seguro irá en sintonía, esto es, de menos a más complejidad en lo que a preparación se refiere

Las combinaciones que debes evitar

Lo que sí se puede tener en cuenta llegados a este punto es una serie de alimentos que, a priori, no hacen buenas migas con el vino y, aunque siempre hay opciones para llegar al entendimiento, no hace falta complicarse en San Valentín para que el asunto llegue a buen puerto.

Por esta razón vale la pena recordar que hay una serie de sabores y alimentos considerados enemigos del vino a causa de su olor y sobre todo sabor y ahí se cuentan los ahumados, los escabeches (a causa del vinagre), los espárragos, el picante, las alcachofas y también el chocolate, por sorprendente que parezca dado que es de sobra conocido su constante emparejamiento con los vinos tintos o los dulces. Pues resulta un error, primero porque el buen chocolate nada tiene de dulce sino que es amargo, y luego por los muchos taninos que tienen ambos, sobre todo cuanto más puro es el chocolate. Si aun así hay empeño por buscarle pareja de baile…resuélvelo con vinos de estructura potente para que se aguanten uno a otro. Bien es cierto que esa cantidad de alimentos difíciles de acompañar encuentran en los espumosos y generosos la alternativa perfecta.

Por afinidad o contraste

A lo que podríamos añadir otra apreciación, las ‘parejas enogastro’, al igual que las personas, pueden funcionar por afinidad –esto es, se asemejan– o por contraste, en este caso porque se complementan. Dos argumentos que pueden ser de utilidad a la hora de elegir el vino: con la misma entidad que el plato que va a acompañar, o con aromas, sabores y textura que lo que hacen es aumentar las sensaciones de los alimentos en el momento en que se encuentran. Por ejemplo, podemos recurrir a vinos con destacada frescura que sirven para relajar lo invasivo de una elaboración contundente, o por el contrario optar por una referencia con la misma potencia para que se fundan en la boca como si fuesen uno… ¡Insistimos, cual pareja!

Pero tampoco hay que olvidar que además de conquistar a tu otra mitad compartiendo ese vino perfecto en una mesa de ensueño, es también buena opción regalárselo si sabes que lo va a apreciar. Ya lo dijo Eurípides, uno de los tres poetas trágicos griegos, en el siglo V a. C., “donde no hay vino, no hay amor”. Pocas razones más se necesitan para que 

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